Espacio creado para la difusión de materiales didácticos, noticias, entrevistas y mucho más, sobre Producción Agroecológica y Soberanía alimentaria.

18 may. 2013

Entrevista a EcoMonegros 03

Que los alimentos ya no saben como antes, no es algo nuevo, que mucha gente desconoce donde se ha producido lo que pone en su plato, pues tampoco. Muchos niños y niñas no han visto nuca la cara del cerdo
con el que han elaborado esas salchichas que comen cada día.
En los patios de los colegios se ven cada vez mas los envoltorios de esos falsos y peligrosos almuerzos a base de bollos rellenos de azúcar, chocolate y un sinfín de aditivos alimentarios que sustituyen tristemente al bocadillo que comíamos algunos, y que es ahora casi una pieza de museo.


Es muy difícil encontrar en la actualidad en las panaderías un producto elaborado a base de harinas de las de toda la vida, agua y levaduras, vamos, lo que siempre hemos llamado pan, y que ahora nos disfrazan con nombres "tradicionales" pero con ingredientes modernos y técnicas industriales, en un afán despiadado por ganar cuota de mercado aumentando al máximo los beneficios a costa de ofrecer al consumidor sucedáneos cada vez más alejados del producto original, con menos nutrientes, y más ingredientes "cuanto menos" sospechosos de ser poco saludables para nuestro organismo.
Pero no todo el mundo esta siguiendo el mismo camino, y por eso nos vamos hasta Leziñena, en Zaragoza para hablar con Ana Marcén Murillo, una de las responsables de un interesante proyecto llamado Ecomonegros 03... que nos va hablar sobre, pan, sobre agricultura ecológica, y sobre la recuperación de nuestra cultura, nuestras señas de identidad a través de nuestras semillas, y nuestros alimentos...

Bueno, vamos a dar paso a Ana,, y a preguntarle por todos estos temas...




Aquí os dejo el audio de la entrevista para que la disfrutéis.


Saludos y hasta la próxima.

13 may. 2013

Lo barato sale caro?

Cuantas veces hemos escuchado "lo barato sale caro", casi siempre en referencia a supuestas super ofertas que encontramos en casi cualquier producto de consumo diario, desde una calabaza, unas zapatillas,  o hasta una televisión. 
El problema parece ser que la alternativa a lo barato ha sido siempre lo caro, y además envuelto en una retórica casi mística que nos conduce a consumir lo que una conocida marca nos ofrece bajo el sello de "...la de toda la vida", "... no somos marca blanca", "...ahora con una nueva fórmula", o "con un 30% más", y mil estrategias más que nos intentan convencer de que debemos pagar lo que nos pidan porque su marca es una garantía. Lo que parece que no nos hemos planteado demasiado es si lo caro también salía caro, o mejor aún que era para nosotros salir caro.
En las últimas décadas, de forma silenciosa y en cierto modo con nuestra complicidad, se ha producido un fenómeno más que estudiado, comentado y denunciado por miles de activistas, periodistas, científicos y colectivos de todo el mundo basado en la deslocalización de la producción de bienes de consumo a nivel mundial, ya sea alimentos o tecnología, energías o beneficios financieros, de forma que todo acaba viajando miles de kilómetros para ser consumido en la otra parte del mundo en la que fue producido. Pero esto en sí no sería un problema si no fuera entre otras cosas porque lo que se produce en la otra parte del mundo para ser consumido por ejemplo en nuestro país ya se producía aquí y se dejo de hacer porque a las multinacionales de la producción y distribución de bienes de consumo les sale más barato fabricarlas en lugares del mundo donde los costes (mano de obra, impuestos, legislación medioambiental, etc) son minúsculos y por tanto los beneficios enormes. Y esto además ha venido de la mano de una concentración de poder impresionante, nunca antes vista, de forma que el 90% de lo que consumimos esta controlado por una decena de empresas multinacionales que operan a través de centenares de filiales que dan la falsa sensación de que existe una verdadera competencia en el mercado, haciendo ver que la liberalización del mismo ha traído como resultado una guerra de precios que nos ha permitido tener acceso a los alimentos y bienes de consumo a precios muy bajos. 

En todo este análisis vamos a centrarnos ahora en los alimentos analizando varias dimensiones del problema:

En primer lugar debemos pensar que ese precio supuestamente bajo lo sería si lo que se compra se corresponde con lo que dice ser... dicho de otro modo, que el precio de una calabaza sería realmente bajo si comprásemos en realidad una calabaza, y no algo con forma de calabaza, con más contenido de agua, menos cantidad de nutrientes de los que cabría esperar, y con un cóctel de productos químicos que nunca debieron estar en una calabaza.
En segundo lugar nunca deberíamos olvidar que los alimentos que son producidos en otros países en monocultivos, extensiones gigantescas de terreno, con un consumo enorme de insumos, petróleo, etc, están impidiendo que en ese país se desarrolle una agricultura de autoabastecimiento que permita alimentar a la población a precios razonables y mantener una estructura económica sana, independiente y no clientelista. Por todo ello el resultado de la calabaza consumida a precio reducido en mi país suele producir en primer término la imposibilidad de que unos ciudadanos por ejemplo de Senegal puedan cultivar sus propios alimentos, y por contra tengan que importar alimentos producidos en otras partes del mundo a precios desorbitados para sus menguadas economías de subsistencia.
En tercer lugar debemos analizar los numerosos estudios que hablan del impacto medioambiental que supone  para el planeta una agricultura dependiente de los recursos fósiles, basada en la deforestación, el agotamiento de las tierras de cultivo, el transporte innecesario de alimentos a miles de kilómetros, la superproducción para controlar los precios en base a una falsa oferta y demanda, y por último la generación de residuos bien sea en la producción y el transporte o en el desperdicio de casi la mitad de lo producido, en base a reglas estéticas caprichosas y artificiales impuestas por el supuesto "mercado".
En cuarto lugar debemos reflexionar sobre la repercusión que tiene en nuestra propia economía - si lo de pensar en el medio ambiente te parece abstracto, o lo de ponerte en el lugar de un senegalés te resulta difícil - dejar de producir alimentos para importarlos de la otra parte del mundo sólo porque supuestamente son más baratos. Aquí no he escuchado nunca decir lo de "lo barato sale caro". Sin embargo creo que esta debería ser la acepción más usada de la expresión. 
Si tenemos en cuenta que cuando compramos alimentos en las grandes distribuidoras de este país, su precio aparentemente bajo estará compuesto de: una mínima parte para el productor (muy mínima por cierto), una gran parte para los transformadores y distribuidores, y otra mínima parte para el estado en forma de impuestos y además sabemos que la distribución mundial de bienes de consumo está en manos de una decena de empresas, de esta manera la mayor parte del precio pagado por el alimento irá a parar a una de esas empresas, que por cierto aún dando trabajo a muchas personas en distintos países, no se caracterizan por ser muy solidarias con los estados en los que operan, pues se les atribuye una gran afición por los paraísos fiscales, las cuentas ocultas, las empresas pantalla, la manipulación de precios, la explotación de campesinos y pequeños productores, la acaparación de tierras, y otras prácticas poco saludables. 
De esta forma cuanto más dinero damos a estas empresas, menos dinero queda en nuestro país, menos tejido productivo, más gente sin trabajo, y menos impuestos recaudados.
Si bien es cierto que a primera vista cuando lleno el carro de la compra me parece haber ahorrado gracias a la formidable "política de precios siembre bajos" de estas maravillosas empresas, el coste social de nuestro consumo lo acabaremos pagando todos en forma de aumento del paro, desaparición de agricultores, abandono de la tierra, desertificación, incendios forestales, etc.. por no hablar del coste sanitario derivado del consumo masivo de "productos aptos para el consumo" repletos de químicos, tóxicos, hormonas y antibióticos, que han sustituido a  los verdaderos alimentos frescos naturales y ecológicos, que podríamos comer si el modelo agro alimentario estuviera en manos de la población y no en manos de las multinacionales.

Cuando comparamos un alimento producido en nuestro entorno más cercano, distribuido en canales cortos de comercialización, tiendas de barrio, mercados locales, que además si ha sido producido bajo practicas de agricultura ecológica por lo que estará libre de cargas medio ambientales, tendrá un mayor contenido nutricional, y estará libre de tóxicos, si comparamos el precio de este alimento con otro producido en la otra parte del mundo, con una carga social para el país que lo produjo en forma de falta de alimentos  y desnutrición para su población, paro, - y hasta guerras en algunos casos - y con una carga medio ambiental por la contaminación producida en el almacenamiento y transporte a miles de kilómetro de distancia, cuando comparamos estos dos productos no podemos coger el precio de venta como el único diferencial para decidir que alimento o bien de consumo es más barato. No puede ser el precio el factor decisivo para escoger un modelo de consumo u otro. Aquí si debemos aplicar el dicho "lo barato sale caro", pues son muchas las consecuencias directas e indirectas sobre nuestras economías y sobre las de otros lugares del planeta, sobre nuestra salud, y sobre la del medio ambiente. 







3 may. 2013

Transgénicos ante Tribunal Permanente de los Pueblos

La contaminación genética del maíz mexicano: una encrucijada en que se ven la cara el hambre, la avaricia, la salud y los derechos globales.

Para quienes no han crecido con el maíz como base de una dieta cotidiana podrá parecer cosa simple, pero para la gran mayoría de personas que hoy habitamos territorio mexicano es un asunto delicado, estar avisados que el gobierno mexicano podría autorizar el cultivo de 12 millones de hectáreas con maíz transgénico. El hecho de que más del 50% de habitantes del territorio vivan en condiciones de pobreza es usado como botín político y comercial por el gobierno y sus socios. 

El problema no es el hambre, sino la inequitativa repartición de la riqueza, aunada a la visión discriminatoria hacia la diversidad biológica y cultural. La seguridad alimentaria de los pueblos indígenas y rurales de México ha estado ligada por miles de años al maíz y, hoy que se atenta contra ella, al parecer no hay antídoto más eficaz que la organización local buscando una respuesta global. En esta entrega una nota  informativa acerca de esta situación.

Horacio Torres De Ita

Recreación en el museo de sitio del mural del Templo Rojo en Cacaxtla, Tlaxcala, México. El maíz está representado con cabezas humanas y corazones junto a la diversidad de fauna acuática y un quetzal.http://don-bryon.blogspot.mx/2010/04/mural-of-people-of-ammon.html



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Comunidades campesinas presentaron demanda ante el Tribunal Permanente de los Pueblos
El Estado viola la ley por permitir que se plante maíz transgénico

  • Ha desatendido convenios internacionales sobre biodiversidad, derechos humanos y de los pueblos indígenas, señalan.
  • Advierten sobre cultivos con malformaciones y baja productividad.


Angélica Enciso L. Enviada. Periódico La Jornada. Sábado 27 de abril de 2013, p. 33. Oaxaca, Oax., 26 de abril

La introducción de maíz transgénico en México ha provocado violaciones sistemáticas a la legis­lación nacional y convenios internacionales en materia de protección de la biodiversidad, derechos humanos y de los pueblos indígenas. Esta es la base de la demanda que comunidades campesinas presentaron en la preaudiencia nacional sobre la contaminación transgénica del maíz nativo en el Tribunal Permanente de los Pueblos (TPP).

Esta sesión se realiza en medio de la incertidumbre sobre la decisión que tomará el gobierno federal ante las solicitudes de Monsanto y otras empresas para cultivar de forma comercial en alrededor de 12 millones de hectáreas en Chihuahua, Coahuila, Sinaloa, Tamaulipas y Durango.

Convocada por la Red en Defensa del Maíz y el Espacio estatal en defensa del grano nativo de Oaxaca, la preaudiencia comenzó con la presentación de la demanda y los testimonios de comunidades locales y de otros estados acerca de cómo han visto afectados sus cultivos con la semilla modificada. Plantas con malformaciones, baja productividad, desaparición de pequeños productores y promoción de semillas mejoradas a través de programas gubernamentales, fueron algunos de los planteamientos.

Diversidad del maíz criollo mexicano.

La demanda, que fue leída por representantes de las comunidades, menciona que entre los agravios que el Estado mexicano ha cometido están la violación a las disposiciones nacionales e internacionales de protección a la biodiversidad, al permitir la entrada de transgénicos y las siembras experimentales y piloto a campo abierto, con lo cual se amplía la situación de riesgo al poner en peligro inminente la integridad de varios ecosistemas y agroecosistemas, así como la biodiversidad asociada al maíz nativo.

Además, agrega, se violenta el principio precautorio que establece el Convenio de Diversidad Biológica, protocolo internacional suscrito por México, así como la obligación de crear un régimen especial de maíz nativo que establece la Ley de Bioseguridad y Organismos Genéticamente Modificados.

También, al autorizar los permisos, el gobierno creó una regulación nacional violatoria de principios internacionales que promueve el uso de transgénicos. Y a esto se suma que impone un control bio­lógico violento, despojando a los pueblos de sus semillas y obligándolos a introducir paquetes tecnológicos nocivos que erosionan la tierra y encarecen la actividad agrícola.
“Tercera Feria del Maíz Criollo”, organizado por Cultura y Comunicación Zaachila y habitantes de la comunidad

Ante el comité dictaminador del TPP –integrado por Camila Montesinos de Grain, de Chile; Joel Aquino, dirigente campesino, y Gustavo Esteva, que reflexiona sobre la autonomía y profundidad del pensamiento de los pueblos– y la activista ambiental Vandada Shiva, de India, como invitada especial, se presentó la demanda, en la cual se argumenta que México está sustentado en los pueblos origi­narios herederos de la cultura del maíz y el país es centro de origen, por ser región donde las culturas se desplegaron con el grano y siguen cobrando vigencia histórica.

Señala que en todo el mundo las grandes corporaciones se han propuesto desplazar el intercambio de semillas, que se da con libertad y autonomía, por la certificación y comercialización de transgénicos, promueven leyes para dar certeza a sus inversiones y, a pesar de los hallazgos en México de presencia de transgenes en maíces nativos, el gobierno desalienta la actividad campesina y entrega permisos de siembra para el cultivo de organis­mos genéticamente modificados.

El contraste entre una zona agrícola con técnicas importadas y donde aún se cultiva maíz nativo fue evidente en los testimonios de representantes de Guanajuato y la sierra sur de Oaxa­ca. Mientras los guanajuatenses, representantes de la Coalición en Defensa de la Cuenca Independencia, ubicada entre la Laguna Seca y el Alto Laja, dijeron que en esa zona el maíz criollo prácticamente ha desaparecido, ya que prolifera la agricultura industrial y están en extinción los pequeños productores, además de que a través de Procampo se impulsa la compra de semillas, Modesto Inclán, agente municipal de San Miguel Chongos –en la sierra sur de Oaxaca–, dijo que en esa región hay diversas variedades de maíz, entre ellas el morado, el tempranero, elotillo y maíz grande, y que esta cultura será la herencia viva que dejarán a sus hijos.


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