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16 jun 2013

Mercados locales: una opción para el estómago y la conciencia.


En estos días que la clase política se ha convertido en adjudicadora de bienes públicos dentro de la subasta global organizada por el capital voraz, está la opción de los mercados locales.

Se trata de un esfuerzo de acercamiento entre productores y consumidores, de un intento de proximidad, en el cual quienes consumimos tenemos mucho de aprender de pequeños productores que han hecho posible la vida y la soberanía alimentaria de localidades enteras. Cabe reflexionar cuántos kilómetros tuvieron que recorrer los alimentos que tenemos en el refrigerador y en el frutero. 

A continuación una nota del "Mercado El Cien" que opera en la monstruosa y mágica Ciudad de México.

Saludos
Horacio

Mercado el cien: oferta local, orgánica y de comercio justo
Lourdes Rudiño
Publicado: 15/06/2013 14:06

Como resultado de un acuerdo “entre amigos”, hace dos años y medio nació el Mercado El Cien, un tianguis de alimentos orgánicos, locales y de precio justo, que inició con 12 expendios, hoy suma 26 y próximamente llegará a 30.


Esta experiencia, que implica no sólo intercambios comerciales, sino culturales entre productores y consumidores, se desarrolla todos los domingos en la colonia Roma, de forma intercalada: un día en la Plaza Luis Cabrera y otro en la Río de Janeiro, así como, por invitación de la Secretaría de Medio Ambiente, el último sábado de cada mes en Ecoguardas, en la carretera Picacho-Ajusco.

Ana Calderón, coordinadora del Mercado, explica el porqué del nombre: “aquí se venden productos ecológicos cultivados o transformados en un espectro de cien millas a la redonda; son productos locales que no necesitan tanto transporte y requieren menos refrigeración, por lo cual contaminan menos con quema de combustibles”.

Además, precisa, los productos que aquí se expenden –hortalizas, sales minerales con especias, quesos orgánicos, dulces exentos de azúcar, frutas de temporada, pavo orgánico, etcétera- son limpios, pues utilizan agua de riego y no contienen agroquímicos, pesticidas, conservadores ni colorantes artificiales.

Ana comenta que los productores son gente que viene fundamentalmente de las delegaciones Xochimilco y Magdalena Contreras; del estado de México, Morelos, Querétaro y Tlaxcala. Los pequeños empresarios transformadores, que elaboran sus panes, jabones, dulces, sales y demás vienen de las delegaciones Iztapalapa o Cuauhtémoc. Todos ellos atienden a la clientela que ronda en promedio los 30-35 años de edad, gente interesada en saber de dónde proviene la comida que consume y que está interesada también en conocer los insumos utilizados en la preparación de productos elaborados. Así, el Mercado se escucha escandaloso; se escuchan aquí y allá explicaciones y detalles sobre cada producto.

Hay productores que buscan participar en el Mercado El Cien, y por tanto están en “lista de espera”. Ana explica que este tianguis no aspira a crecer mucho, tan sólo a 30 expendedores, y tampoco se pretende establecer competencia entre productores de alimentos similares. Más bien existe el proyecto de crear réplicas de este Mercado en delegaciones como Benito Juárez, Coyoacán y Miguel Hidalgo. “Por lo menos, este año tendremos uno más”.

Precisa que el objetivo de este Mercado es “ayudar a que la gente tenga mejor alimentación, pues ya estamos acostumbrados a comer cualquier  cosa, sin saber de dónde viene ni qué contiene. Se trata de reeducarnos con productos limpios sobre todo”.

Los productores del Mercado El Cien deben garantizar que su oferta cumple con los criterios de este tianguis. Por ello, señala Ana, “hemos implementado un sistema de garantía participativa (SGP)”, el cual implica visitas a los lugares de producción y procesamiento de los expendedores del mercado por parte de un comité conformado por un productor, un consumidor y un miembro de la asociación del Mercado. Este comité cuenta con una tabla de criterios para calificar a los productores y sus productos (“que básicamente deben ser sanos, ricos, justos y locales”) y al final genera un sello SGP. Algunos de los productores cuentan con certificaciones de orgánico y comercio justo de agencia, pero la gran mayoría no. El proceso de certificación SGP está en marcha.

En cuanto a los precios, Ana precisa que el Mercado no interviene en su definición; el precio es decisión de cada productor, si bien el Mercado los orienta en el sentido de que debe ser justo tanto para el productor como para el consumidor, que cubra costos y gastos de transporte y procesamiento y que implique una ganancia razonable.

Janitzio Juárez. Vengo de Cuajimalpa de Morelos. Allá producimos hortalizas, acelga, espinaca, rábano, betabel, y algunas hierbas de olor, de uso medicinal; también por temporadas tenemos fruta como ciruela, tejocote y capulín. Todo lo que traigo lo produzco yo, todo es orgánico. Tengo certificación de orgánico, de un sello que generó hace años el Gobierno del Distrito Federal con la empresa certificadora OSIA, pero no he renovado el sello. ¿Cómo comercializo mi producción? Primero con los vecinos; estamos en una hondonada, algunos nos conocen (a mí y a mi esposa) y nos piden que les surtamos algunas verduras, o vamos a tianguis de trueque de la Mixhuca que ahora se lleva a cabo también en otros lados. Los precios los fijamos en función del costo. Nosotros mismos producimos nuestra composta, con el reciclaje de residuos orgánicos que nos dan los vecinos; nos proporcionan el estiércol de sus animales, y podemos tener ahorros. Para traer acá sumamos el costo de la gasolina. Por lo general también vemos la cuestión del mercado, vemos los precios de los mercados de la colonia y tratamos de dar precios similares. La acelga la vendo a 12 pesos el manojo; en mi colonia la damos a ocho pesos. En los mercados acá hemos visto que está a 12, pero he visto en supermercados que la dan a 27 y el manojo es la mitad del nuestro. Me parecen muy caros los precios de los supermercados. Aquí (en el Foro Tianguis Alternativo) tenemos clientes constantes, más que ser proveedores-compradores, hacemos amistad, vamos platicando y compartiendo nuestros saberes; los consumidores tienen mucho que decirnos, hay reciprocidad. La gente valora aquí que nuestra producción es orgánica. Pero en términos generales la sociedad desconoce y le resulta indiferente si su comida es orgánica o convencional. Hace falta promoción de lo orgánico. A la producción de hortalizas de Cuajimalpa le aqueja el avance de la mancha urbana. Antes todo eso era milpa y maguey para pulque, pero como ya no es redituable producir maíz ni pulque, la gente fracciona los terrenos, pues hay demanda creciente de vivienda para la mano de obra que trabaja en el centro de Santa Fe. El urbanismo es como un cáncer que avanza a pasos agigantados.

Tomás Villanueva Buendía. Me conocen como Tomaicito, por la pasión con que cuido las semillas criollas, entre ellas la del maíz. Vemos la milpa como un modo de vida: en la milpa hay hierbas, quelites, quintoniles, habas, frijoles… de tal manera que la milpa es un modo de vida y allí hay una granja donde los animales y el abono que dan están unidos a la cadena de energía de las plantas y la tierra. Yo vengo de Tepetlixpa, que es el último municipio del sureste del Estado de México, es colindante con los altos de Morelos. Allí tenemos fruta en la milpa, porque nuestra zona es de laderas, nuestro hábitat es el clima templado frío a las faldas del Popocatépetl. Un modo de frenar la erosión de la tierra es teniendo magueyes, teniendo frutales en terrazas; los tenemos en los bordos y en el centro están los maíces, y la granja con gallinas es el complemento. El 80 por ciento de lo que traigo aquí al tianguis lo produzco yo (duraznos, manzanitas, peras, zapote blanco, granadas, membrillo, ciruela); sólo el pepino y jitomate lo traigo de grupos amigos que producen en invernadero en Morelos. Los productores de mi zona vendemos en los tianguis del Distrito Federal y los de Morelos (Tepoztlán y Cauatla) y estamos próximos a tener un tianguis en Cuernavaca. Los mercados y tianguis orgánicos significan un reciclamiento de la granja, de la energía, de las cosas; antes no había; hoy día, aparte de los tianguis, se han creado redes responsables de consumo por la vía del internet y también se han creado más localitos por doquier en la Ciudad de México, a los que surtimos. Se han abierto más canales de comercialización, pero para la sociedad en general la agricultura orgánica aún es un concepto nuevo. Hace falta mayor difusión de por qué es importante consumir orgánico, que se refiere a que es producción que no usa insumos de síntesis química. Nosotros en la región y acá le llamamos a nuestra producción “frutas criollas, alimentos naturales, sanos, limpios”. Es un mito que esta producción sea cara. Ocurre que en el mercado convencional los precios fluctúan desde regalado hasta excesivamente caro, y en los tianguis orgánicos tenemos precios justos y estables. Un termómetro para nosotros es cuando se acaba nuestro producto rapidísimo. Es el caso del huevo, que se encareció mucho en el mercado convencional, y nosotros lo hemos mantenido sin cambio en 3.50 pesos la pieza. La manzana la vendo aquí a 30 pesos el kilo, el jitomate a 25, el pepino a 15, el frijol a 40 pesos el kilo, la tortilla a 15 pesos la docena. Son precios de recuperación, no capitalizan el campo. No ganamos. Estamos ganando con cuidar la tierra allá. Estos tianguis son nuestros. Corresponden a una cultura ancestral del México antiguo y por eso volvemos a esta cultura y estamos aquí. Yo pienso que yo ni siquiera tendría por qué venir a la ciudad, ustedes deberían ir allá; el campo está solo, necesitados de gente, gente consciente.

*El Foro Tianguis Alternativo trabaja todos los domingos en Álvaro Obregón No. 185, entre Monterrey y Tonalá, Col. Roma Norte, (parada metrobús Álvaro Obregón, cerca de la glorieta de Insurgentes), con horario de 10:00 a 17:00 horas.

3 may 2013

Transgénicos ante Tribunal Permanente de los Pueblos

La contaminación genética del maíz mexicano: una encrucijada en que se ven la cara el hambre, la avaricia, la salud y los derechos globales.

Para quienes no han crecido con el maíz como base de una dieta cotidiana podrá parecer cosa simple, pero para la gran mayoría de personas que hoy habitamos territorio mexicano es un asunto delicado, estar avisados que el gobierno mexicano podría autorizar el cultivo de 12 millones de hectáreas con maíz transgénico. El hecho de que más del 50% de habitantes del territorio vivan en condiciones de pobreza es usado como botín político y comercial por el gobierno y sus socios. 

El problema no es el hambre, sino la inequitativa repartición de la riqueza, aunada a la visión discriminatoria hacia la diversidad biológica y cultural. La seguridad alimentaria de los pueblos indígenas y rurales de México ha estado ligada por miles de años al maíz y, hoy que se atenta contra ella, al parecer no hay antídoto más eficaz que la organización local buscando una respuesta global. En esta entrega una nota  informativa acerca de esta situación.

Horacio Torres De Ita

Recreación en el museo de sitio del mural del Templo Rojo en Cacaxtla, Tlaxcala, México. El maíz está representado con cabezas humanas y corazones junto a la diversidad de fauna acuática y un quetzal.http://don-bryon.blogspot.mx/2010/04/mural-of-people-of-ammon.html



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Comunidades campesinas presentaron demanda ante el Tribunal Permanente de los Pueblos
El Estado viola la ley por permitir que se plante maíz transgénico

  • Ha desatendido convenios internacionales sobre biodiversidad, derechos humanos y de los pueblos indígenas, señalan.
  • Advierten sobre cultivos con malformaciones y baja productividad.


Angélica Enciso L. Enviada. Periódico La Jornada. Sábado 27 de abril de 2013, p. 33. Oaxaca, Oax., 26 de abril

La introducción de maíz transgénico en México ha provocado violaciones sistemáticas a la legis­lación nacional y convenios internacionales en materia de protección de la biodiversidad, derechos humanos y de los pueblos indígenas. Esta es la base de la demanda que comunidades campesinas presentaron en la preaudiencia nacional sobre la contaminación transgénica del maíz nativo en el Tribunal Permanente de los Pueblos (TPP).

Esta sesión se realiza en medio de la incertidumbre sobre la decisión que tomará el gobierno federal ante las solicitudes de Monsanto y otras empresas para cultivar de forma comercial en alrededor de 12 millones de hectáreas en Chihuahua, Coahuila, Sinaloa, Tamaulipas y Durango.

Convocada por la Red en Defensa del Maíz y el Espacio estatal en defensa del grano nativo de Oaxaca, la preaudiencia comenzó con la presentación de la demanda y los testimonios de comunidades locales y de otros estados acerca de cómo han visto afectados sus cultivos con la semilla modificada. Plantas con malformaciones, baja productividad, desaparición de pequeños productores y promoción de semillas mejoradas a través de programas gubernamentales, fueron algunos de los planteamientos.

Diversidad del maíz criollo mexicano.

La demanda, que fue leída por representantes de las comunidades, menciona que entre los agravios que el Estado mexicano ha cometido están la violación a las disposiciones nacionales e internacionales de protección a la biodiversidad, al permitir la entrada de transgénicos y las siembras experimentales y piloto a campo abierto, con lo cual se amplía la situación de riesgo al poner en peligro inminente la integridad de varios ecosistemas y agroecosistemas, así como la biodiversidad asociada al maíz nativo.

Además, agrega, se violenta el principio precautorio que establece el Convenio de Diversidad Biológica, protocolo internacional suscrito por México, así como la obligación de crear un régimen especial de maíz nativo que establece la Ley de Bioseguridad y Organismos Genéticamente Modificados.

También, al autorizar los permisos, el gobierno creó una regulación nacional violatoria de principios internacionales que promueve el uso de transgénicos. Y a esto se suma que impone un control bio­lógico violento, despojando a los pueblos de sus semillas y obligándolos a introducir paquetes tecnológicos nocivos que erosionan la tierra y encarecen la actividad agrícola.
“Tercera Feria del Maíz Criollo”, organizado por Cultura y Comunicación Zaachila y habitantes de la comunidad

Ante el comité dictaminador del TPP –integrado por Camila Montesinos de Grain, de Chile; Joel Aquino, dirigente campesino, y Gustavo Esteva, que reflexiona sobre la autonomía y profundidad del pensamiento de los pueblos– y la activista ambiental Vandada Shiva, de India, como invitada especial, se presentó la demanda, en la cual se argumenta que México está sustentado en los pueblos origi­narios herederos de la cultura del maíz y el país es centro de origen, por ser región donde las culturas se desplegaron con el grano y siguen cobrando vigencia histórica.

Señala que en todo el mundo las grandes corporaciones se han propuesto desplazar el intercambio de semillas, que se da con libertad y autonomía, por la certificación y comercialización de transgénicos, promueven leyes para dar certeza a sus inversiones y, a pesar de los hallazgos en México de presencia de transgenes en maíces nativos, el gobierno desalienta la actividad campesina y entrega permisos de siembra para el cultivo de organis­mos genéticamente modificados.

El contraste entre una zona agrícola con técnicas importadas y donde aún se cultiva maíz nativo fue evidente en los testimonios de representantes de Guanajuato y la sierra sur de Oaxa­ca. Mientras los guanajuatenses, representantes de la Coalición en Defensa de la Cuenca Independencia, ubicada entre la Laguna Seca y el Alto Laja, dijeron que en esa zona el maíz criollo prácticamente ha desaparecido, ya que prolifera la agricultura industrial y están en extinción los pequeños productores, además de que a través de Procampo se impulsa la compra de semillas, Modesto Inclán, agente municipal de San Miguel Chongos –en la sierra sur de Oaxaca–, dijo que en esa región hay diversas variedades de maíz, entre ellas el morado, el tempranero, elotillo y maíz grande, y que esta cultura será la herencia viva que dejarán a sus hijos.


Para leer más:



23 abr 2013

La comida del mar: entre tiburones de aleta y tiburones con cañas de pescar.


La comida del mar: entre tiburones de aleta y tiburones con cañas de pescar.

En esta entrega un interesante artículo de Iván Restrepo, ambientalista y escritor mexicano. Un tema pendiente a reflexionar en los trópicos: qué trato le damos al mar y sus especies. Sin duda un tema que toca a la soberanía alimentaria, la economía nacional y los estilos de vida.


Sopa de tiburón
Iván Restrepo
Hace tres años, en la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestre, mejor conocida por sus siglas en inglés, CITES, fue imposible lograr los votos necesarios (dos tercios de los países miembros) para dar mayor protección internacional a varias especies de tiburón y rayas. Aunque no se encuentran en peligro de extinción, sí son víctimas de la sobrexplotación y las nocivas prácticas de pesca que alientan unos pocos países consumidores, especialmente de las aletas de tiburón.

Pero durante la última convención, celebrada en Bangkok, hubo el número de votos para que cinco especies de tiburones figuren en el Apéndice II del CITES, en el cual se incluyen las especies severamente afectadas: el tiburón oceánico ( Carcharhinus longimanus), tres especies de tiburón martillo ( Sphyrna lewini, Sphyrna mokarran y Sphyrna zygaena), el marrajo sardinero ( Lamna nasus) y dos especies de mantarrayas ( Manta birostris y Manta alfredi). La medida fue aplaudida por científicos, organizaciones ecologistas y protectoras de la vida animal y asociaciones de pesca responsable, pero está por verse si la cumplen las flotas pesqueras que patrocinan algunos integrantes de la convención y que se distinguen por depredar tiburones y rayas en los mares del mundo.

La mala fama de que gozan los tiburones en buena parte se debe a la taquillera, sensacionalista y desinformadora película de Steven Spielberg, de 1975. Porque los tiburones cumplen un importante papel en la vida marina. Sin embargo, se calcula que cada año mueren unos 100 millones de ejemplares solamente para elaborar una sopa de alta demanda especialmente en China, Tailandia y Japón, donde los consumidores pagan elevados precios por ella. En México ese manjar no es apreciado. Es la carne de tiburones y rayas la que se vende en los mercados, en ocasiones haciéndola pasar por la de otras especies.

Y en cuanto a las rayas (o mantarrayas), la milenaria medicina tradicional china atribuye a sus agallas propiedades especiales, por lo que la depredación de sus poblaciones crece año con año. Cuando, al igual que los tiburones, contribuyen a la buena salud de los ecosistemas marinos de cuya riqueza depende la alimentación y el empleo de millones de personas que viven en las costas del mundo. Además, forman parte de los programas de turismo ecológico, sostenible, que finca su éxito en admirar y convivir con especies muy diversas. Como sucede también con el tiburón ballena cerca de la isla de Holbox.

Mencionemos a los países más reacios a dejar de depredar tiburones, rayas y otras especies: Japón, China, Tailandia, Singapur. Sostienen que no es en las convenciones del CITES donde se debe regular su pesca. Y, en el colmo, afirman que distinguir la aleta del tiburón martillo es muy difícil, pues se confunde con las de los demás. Hasta el pescador menos ducho lo sabe. Mucho más los barcos pesqueros de esos países y de los que están a su servicio cual piratas modernos.

En México existe una norma oficial, la 029, publicada en 2007 y que regular la pesca de tiburones y rayas. Es fruto de más de 15 años de trabajo y se le opusieron especialmente los empresarios de la pesca deportiva de Baja California, encabezados por un senador del PAN. Y es que en menos de dos décadas la captura de tiburón en aguas nacionales disminuyó una cuarta parte. La norma también incluye disposiciones para garantizar el hábitat de las tortugas y mamíferos marinos y el buen estado de los arrecifes coralinos.
Foto: Alerta Verde, http://www.laalertaverde.com/2013/01/rechazamos-la-pesca-recreativa-del.html
Dicha norma debe mejorarse y, sobre todo, cumplirse, pues continúa la depredación de tiburones y rayas. De los primeros, sólo para cortarles las aletas. Luego los regresan al mar, donde mueren lenta, dolorosamente. El nuevo gobierno necesita cumplir su promesa de que dará un giro radical al sector pesquero, a fin de elevar la calidad de vida de las familias que lo integran y garantizar la existencia de especies hoy diezmadas o en peligro de extinción. Será la mejor forma de caminar hacia la sustentabilidad que garantice la salud ambiental de nuestros mares, ríos y lagos. Y que éstos sigan siendo fuente de empleo, alimento y divisas.


3 abr 2013

¿Alimentos de color de rosa?


En México, como en varias partes del mundo está vigente el dilema de comer lo que sea o comer sano. Las compañías trasnacionales que venden semillas y agroquímicos han articulado una ofensiva voraz en contra de las semillas autóctonas y quienes las siembran y cuidan. En muchos caminos de México no es raro encontrar al lado de los cultivos anuncios de agroquímicos que presumen mantener verdor y tamaño del maíz, el frijol o el sorgo. Sin duda los rendimientos de esos cultivos son mayores; pero los daños al ambiente (agua, tierra, aire), los daños a la salud de campesinas y campesinos y consumidores, no se estima. 

Centro de Alternativas Ecológicas de la  organización
GRAANUFERTIL AC en Jolalpan, Puebla, México.
En aras de combatir el hambre, muchas regiones del mundo están siendo presa de los experimentos de las trasnacionales que siguen llenando su bolsillo a costa de lo que sea. Día a día son más comunes las anécdotas de desórdenes hormonales en mujeres y hombres jóvenes, ya sea que las mujeres llegan embarazarse tempranamente o que los hombres desarrollan las mamas del pecho. Lo que a vista del no especialista sería un uso indiscriminado de hormonas femeninas en la producción de huevo, leche y carne; parecería ser una acción concertada a gran escala donde gobiernos, medios de comunicación, industria alimenticia e industria farmaceútica accionan orquestados buscando la mayor ganancia. 

Comuneros de Jolalpan Puebla en una reunión informativa
sobre elaboración de  fertilizantes e insecticidas naturales.

En esta entrega a Agroecológicas tres piezas de este rompecabezas.

1. Una charla de Birke Baehr: ¿Qué pasa con nuestro sistema alimentario? 

2. Una ciberacción para parar los cultivos transgénicos con fines comerciales en México

3. Una ficción de Victor Manuel Toledo.



2050: el año en que la humanidad volvió a nacer
Víctor M. Toledo*

Con los resultados en la mano, pruebas, datos estadísticos e imágenes micro y nanoscópicas, un selecto ensamble de especialistas de 23 países agrupados en el Proyecto Renacimiento Humano dio a conocer lo que ellos consideran la causa final de la infertilidad de las mujeres, que en menos de una década ha convertido a la humanidad en una especie amenazada de desaparición: los alimentos transgénicos. Como es sabido, 99.4 por ciento de las mujeres que forman hoy en 2050 la especie humana son estériles, el resto sólo logra procrear individuos deformes, con atraso mental o con enfermedades mortales. El equipo formado por destacados endocrinólogos de la reproducción, genetistas, biólogos moleculares y ginecólogos logró descifrar el gran enigma con la ayuda de investigadores de otros campos. Al estudiar las historias de vida de 13 mujeres que muestran fertilidad total se percataron de un rasgo común: todas nacieron y fueron procreadas en el continente africano y todas pertenecen a grupos étnicos casi extintos, habitantes de remotos lugares selváticos de África. El estudio de estas nuevas Evas reorientó las pesquisas hacia la hipótesis, defendida por especialistas franceses, brasileños y rusos, de que la esterilidad estaba ligada a sustancias que promueven la producción de estrógeno, la hormona que regula la ovulación.


El rasgo en común de las poquísimas mujeres fértiles llamó de inmediato la atención. Lo que brillaba por su ausencia era la explicación del fenómeno. Fue un ginecólogo peruano, apasionado lector de los orígenes humanos, quien sugirió la pista de correlacionar la ingesta de alimentos transgénicos con la esterilidad de las mujeres. La hipótesis comenzó a tomar fuerza cuando se comprobó que ninguna de las mujeres fértiles, todas ellas hermosas diosas de la negritud, había probado en su vida ninguno de los siete cereales malditos: maíz, arroz, sorgo, trigo, centeno, cebada y mijo (además de la soya) genéticamente modificados, que hoy dominan los monótonos paisajes de la Tierra, impulsados cada vez con más fuerza por cinco corporaciones en pleno contubernio con la FAO, la Fundación Gates y los regímenes dictatoriales que controlan el planeta. Estos alimentos, adaptaciones logradas por la bioingeniería, a partir de las creaciones originales de las grandes civilizaciones de la antigüedad, van dirigidas fundamentalmente a encadenar los estómagos de los ciudadanos del mundo a los aparatos corporativos del gran capital.

Habitantes de islas selváticas en un inmenso mar de cultivos transgénicos, estas mujeres se nutrieron básicamente de alimentos locales como tubérculos (yucas, ñames, taros, malangas), frutos silvestres y cultivados, semillas, insectos diversos y la carne de animales capturados o cazados en las selvas. Dado que sus madres, abuelas y demás parientes antiguos estuvieron a salvo de consumir esos milagros biotecnológicos es que estas 13 salvadoras de la especie lograron mantener incólume su capacidad dadora y reproductora de vida. La explicación fina es esencialmente genética y molecular. Dado que un alimento transgénico es aquel obtenido de un organismo al cual le han incorporado genes de otro, llamada tecnología del ADN recombinante, ha resultado oportuno explorar tres causas: el impacto de los marcadores de resistencia a antibióticos en la microflora intestinal de los seres humanos, la consecuente aparición de bacterias patógenas de relevancia clínica y, ligada a las anteriores, la aparición de replicones enloquecidos que violando la barrera placentaria modifican genéticamente las células sexuales de mujeres y hombres. Un replicón es una molécula circular de ADN, que inicia el ciclo de replicación, controla la frecuencia de eventos de iniciación de la replicación, segrega el cromosoma replicado a la célula hija y ordena la producción de componentes estructurales de la célula.

El panorama se ve complicado por las decenas de accidentes nucleares que han ocurrido en prácticamente cada rincón del mundo. Es decir, que la contaminación por radiactividad se ha combinado con la contaminación genética provocada por los alimentos transgénicos, ya que la primera induce, entre otros efectos, la depresión inmunológica, especialmente en las mujeres. Otro fenómeno que se ha concatenado es la drástica desaparición de las abejas y otros insectos polinizadores en las principales regiones agrícolas del planeta –otra vez con la excepción de África–, a consecuencia de los pesticidas y de la propia radiactividad, y que ha reducido en tres cuartas partes la oferta alimentaria. Esto ha tenido un doble efecto: por un lado ha bajado la ingesta de vitaminas y minerales procedentes de alimentos polinizados por insectos, y por la otra el incremento notable, casi exclusivo, del consumo de cereales genéticamente modificados por centenas de millones.

La noticia del descubrimiento ha llenado de esperanza. Un sentimiento que ha corrido a contracorriente de los instintos suicidas de las masas deprimidas y de la soberbia de los ejércitos de científicos que trabajan, a todo vapor, en variedades de plantas y animales genéticamente modificados, cada vez más en sintonía con los intereses mercantiles, y con las tecno-dictaduras que en este año bisiesto de 2050 aún dominan al mundo. El hallazgo ha desencadenado una catarata de rebeliones ciudadanas que radicalmente cuestionan el modelo de vida impuesto en el último medio siglo por el despotismo tecno-capitalista. No se trata solamente de retornar a los alimentos sanos, afirman millones de ciudadanos, se debe terminar de golpe con este experimento sin control en el que los monopolios económicos y políticos han metido a la humanidad, y en el que los seres humanos hemos sido convertidos en meras ratas de laboratorio.

* El 19 de septiembre de 2012 el biólogo francés Gilles-Eric Séralini y sus colaboradores publicaron un artículo científico en la revista Food and Chemical Toxicology, reportando que tras alimentar ratas de laboratorio durante dos años con maíz transgénico NK603, los animales desencadenaron tumores cancerígenos. La anterior ficción está inspirada en esos hechos.

@victormtoledo
laecologiaespolitica.blogspot.mx


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