Espacio creado para la difusión de materiales didácticos, noticias, entrevistas y mucho más, sobre Producción Agroecológica y Soberanía alimentaria.

23 mar 2013

Entrevista a Utópika

En la entrevista de hoy hemos charlado con Guillermo Palau, profesor de la Universidad Politécnica de Valencia , y miembro del colectivo Utópika. 
Nos ha hablado sobre dos proyectos de investigación muy interesantes:

El primero es una comparativa entre el consumo responsable a base de productos de temporada, ecológicos y de proximidad frente al consumo tradicional. 





El segundo es un estudio sobre grupos de consumo en la zona de Valencia.





Lo mejor es que escuchéis la entrevista para conocer todos los detalles sobre Utópika, y sobre estos dos interesantes estudios. Aquí os dejo el audio... que lo disfrutéis.

Muchísimas gracias a Guillermo por su tiempo y amabilidad.

17 mar 2013

Certificación Participativa: una voz desde el tianguis local.


En esta entrega de la mano de Giselle Buchán Kuri recorremos razones, causas y efectos de quienes frecuentan el espacio que desde hace un par de miles de años llamamos en Mesoamérica Tianguis o Tianquiztli (por su voz en nahuatl). Hoy, ante la avasalladora presencia de las corporaciones trasnacionales en los temas alimentarios, esta opción de intercambio al aire libre va resignificándose y adquiriendo un sentido consciente de quien produce y consume. 

Recuperar la idea del Tianguis como espacio de diálogo, encuentro y recreación está en nuestras manos. Seguramente hará bien al estómago y al espíritu humano.


Tianguis orgánicos: espacios de vinculación campo-ciudad.

Por: Giselle Buchán Kuri / Tianguis Bosque de Agua, Metepec, Estado de México

Glifo Tianquiztli, disco de Chalco.

La distancia que en las décadas recientes se ha creado entre las realidades del campo y la ciudad ha generado un abismo cultural, educativo, económico, social, político, organizacional y hasta ambiental.

En las ciudades se ha perdido el conocimiento tradicional de nuestra vinculación como seres vivos con la tierra; la procedencia de los alimentos es desconocida, así como los tiempos de desarrollo de las especies que nos alimentan, sus requerimientos, el trabajo que implica y la estacionalidad que va entre la siembra y la cosecha.

El campesino desconoce estas carencias que existen en las ciudades; creen que allí toda la gente sabe diferenciar las verduras que crecen sobre el suelo de las que lo hacen debajo del suelo, que las semillas de cada cultivo son distintas y que saben distinguir una hierba silvestre de una medicinal.

El consumidor cree que todos los campesinos reciben el dinero que merecen por su trabajo, y compra diez kilos de zanahoria en 15 pesos creyendo que es una gran oferta, sin imaginar que es al productor a quien se perjudica con un precio tan bajo. Hasta que un día se pregunta el porqué de la pobreza en el campo.

El productor, al momento de enfrentarse a la comercialización de sus productos, se encuentra con intermediarios que ofrecen precios extremadamente bajos por la compra de sus cultivos, y en ocasiones prefiere regalarlos o dejar que se pudran en el campo. Cuando el productor desea comercializar directamente en tiendas especializadas o al consumidor es problemático introducirse al mercado, ya que debe contar con certificaciones o requerimientos específicos que impiden la venta artesanal; si su producción es orgánica, debe vender al mismo precio que la producción convencional, y en general, si no cuenta con certificado, no podrá venderla como orgánica.

Los tianguis y mercados orgánicos resuelven la necesidad del pequeño productor de introducirse al mercado local y regional y de obtener un precio justo por sus productos y su trabajo de todo el ciclo de cultivo. Además, dan la oportunidad de rescatar la herencia ancestral que ha existido en los tianguis de Mesoamérica, donde se vive una mezcla de las tradiciones mercantiles entre los pueblos y ciudades.

Feria del pulque en
San Mateo Ozolco Puebla, marzo 2013.
En los tianguis orgánicos se vive un intercambio cultural, en donde participan actores de comunidades indígenas, campesinas y ciudades; conviven personas de todas edades e intereses; se recrean las relaciones entre productores y consumidores; se comunican sus problemas y dificultades, sus conocimientos y saberes, sus gustos y preferencias. Entre consumidores crean amistad, comparten recetas, hablan de salud y bienestar. Entre productores surge la posibilidad de intercambiar experiencias sobre lo que enfrentan en el campo, la forma de controlar plagas, la mejora de sus productos y hacen trueque de semillas y plantas.

Para el consumidor, el tianguis orgánico es un espacio donde encuentra alimentos frescos y limpios; conoce los procesos productivos; tiene acceso a semillas y plantas, y tiene la oportunidad de participar en el proceso de Certificación Participativa, en donde conoce a las personas que siembran, cultivan y hacen posible el alimentarse sanamente. Además vuelve a la tierra, conoce los procesos productivos y valora el trabajo que el productor realiza.

Por medio de la Certificación Participativa, se crean lazos de confianza en donde el productor sabe que la alimentación de la familia del consumidor depende de que sus métodos de producción sean honestos y transparentes, de su ética y del abasto del producto.

Feria del pulque en San Mateo Ozolco Puebla, marzo 2013..
En los tianguis y mercados orgánicos existe una gran diversidad de especies que no se encuentran en los supermercados; el consumidor tiene acceso a introducir más productos a su alimentación; conoce especies que desconocía; comprende que es importante consumir los frutos de cada estación; se relaciona de manera distinta con insectos pues comprende que su presencia algunas veces es parte de ser orgánico; valora desde otro punto la calidad de las verduras: en lugar de buscar la perfección en la forma, valora el sabor, la frescura y los nutrientes que encuentra pues los ve reflejados en su salud.

Para muchos consumidores, el tianguis es un refugio para personas con alimentación especial como celiacos, vegetarianos, diabéticos, alérgicos a ciertos alimentos y con afecciones del sistema nervioso o inmunológico, ya que es un privilegio encontrar alimentos limpios y con ingredientes naturales.

En el caso del productor, el tianguis orgánico le da la oportunidad de mantener sus sistemas productivos y hacerlos sustentables a lo largo del tiempo, ya que logra, en el mejor de los casos, cubrir y recuperar sus costos de producción y continuar su vida en el campo.

El consumidor comprende que está pagando un precio justo ya que el costo del producto sostiene los costos de producción de cada alimento; que al apoyar con su consumo impulsa la economía local, regional y familiar dando oportunidad al productor de quedarse en su tierra, trabajarla y vivir de ella, evitando la emigración y la pérdida de la diversidad de especies y de cultura en el campo.

El tianguis orgánico, además de acercar al productor y al consumidor, vincula a diversas organizaciones ambientalistas y sociales; participan empresas, universidades, estudiantes, investigadores, profesionistas, tiendas y en algunos casos instituciones de gobierno, y consolida la unión social y de intereses, resultando ser un espacio de intercambio de ideas.


El tianguis orgánico trasciende como un espacio de rescate del valor cultural y culinario que tiene nuestro país y fortalece las relaciones que nos hacen vivir como una sociedad con una gran riqueza ancestral. El tianguis orgánico promueve un estilo de vida que lleva a la sustentabilidad, y que desarrolla la clara conciencia de que nos necesitamos unos a otros para hacer crecer las economías locales de México y que requerimos generar acciones basadas en el consumo responsable, en la protección del ambiente y la responsabilidad con la salud humana.


Para leer más:
¿Qué es un tianguis? de Julie Sopetrán en 
Los monolitos del mercado y el glifo tianquiztli 
Certificación participativa



13 mar 2013

Inicio de colaboración desde el centro de México.

Saludos a todas las personas que siguen a Agroecológicas. Con gusto les anuncio que doy inicio esta semana a la publicación de artículos que busquen fomentar un diálogo entre internautas, a pesar que estemos geográficamente distantes. Personalmente me interesa el tema de la soberanía alimentaria, junto con las implicaciones resultantes en términos de autodeterminación y autonomía de pueblos y colectivos. 

Esta semana un artículo reciente de Víctor Manuel Toledo Manzur, en torno a un creciente fenómeno de autodefensa en México. 


Un abrazo
Horacio Torres De Ita

¿Y si nos autodefendemos?


La preocupación se les convirtió en alarma. La proliferación de las policías comunitarias comenzó en Guerrero hace más de una década y súbitamente se multiplicaron no sólo en esa entidad sino en Michoacán, estado de México, Morelos y Tlaxcala, y ya alcanzaron Chiapas (casi 80 comunidades), Puebla y Durango, lo que ha encendido los focos rojos en los tres niveles de gobierno. Desde la Secretaría de Gobernación, pasando por los gobiernos estatales, se habla ya de reglamentar, ordenar, legalizar, esas expresiones de autogestión comunitaria y municipal. Y sin embargo, estos actos de autonomía podrán no ser legales pero son totalmente legítimos porque apuntalan la expresión del poder social, ese que ni los políticos y sus partidos, y mucho menos los empresarios con sus mercados y corporativos, alcanzan a reconocer. Para los poderes político y económico el poder ciudadano, civil o social –es decir, los individuos autorganizados–, simplemente no existe. Y de nueva cuenta, en esta época en que la corrupción ha penetrado el quehacer político y en que el capitalismo en su fase corporativa alcanza los más altos índices de voracidad y concentración de riqueza (monopolios), como nunca antes los ciudadanos, “o nos autodefendemos o somos arrasados”.
En México, la inseguridad, la falta de confianza en policías y militares, un aparato de justicia desprestigiado que hace que 90 por ciento de los delitos no sean castigados, y una elite de políticos bajo sospecha de corrupción que comienza con el Presidente y termina en el alcalde, hacen prácticamente obligatoria la autodefensa. Pero, ¿cómo nos autodefendemos? Hay tres escalas. La primera es la individual, y aquí la conciencia derivada del conocimiento es crucial. Debemos defendernos de los riesgos y peligros del mundo moderno o industrial y aprender a utilizar sus aportes realmente legítimos. La autodefensa individual promueve la autonomía corporal, mental y espiritual y conlleva prácticas de salud como la autorreflexión, la meditación y el ejercicio físico. También obliga a defendernos como consumidores, contra las ofertas tramposas de servicios y bienes: desde servicios hospitalarios, electorales o bancarios, hasta productos nocivos, como alimentos con venenos disfrazados de sanos (no hay una gelatina, un cereal o una bebida que no lleve el anuncio escondido en letras microscópicas de los conservadores, saborizantes o colorantes artificiales, de la misma manera que las carnes, lácteos, pollos y pescados ocultan niveles de toxicidad por contaminantes, hormonas o sustancias diversas).
El segundo nivel es el del hogar. Aquí la autodefensa doméstica se vuelve una búsqueda por la autosuficiencia en agua (captura y almacenamiento de agua de lluvia), energía (mediante generadores solares y eólicos), alimentos (a través de la autoproducción en patios, jardines y azoteas) y materiales (adobes, tierras, bambú, etcétera), así como el reciclaje o recirculación de los desechos, incluyendo aguas usadas, basura orgánica y detritus humanos. ¿Puede el lector imaginar hogares mexicanos que ya no dependen de la Comisión Federal de Electricidad, la compañía de gas o la agencia local de agua? 
Algunos sitios para corroborarlo: 
Michoacán: www.tierramor.org; 
Tlaxcala: http://www.permacultura.org.mx; 
Quintana Roo: www.pueblosacbe.com.
El tercer nivel es el de las comunidades, municipios, regiones. Ahí donde conjuntos de familias se organizan para realizar una defensa colectiva. Ya en mi artículo anterior ( La Jornada, 14/2/13) listé 10 criterios para crear territorios autónomos, y a ello remito a los lectores. También en esa colaboración ilustramos la importancia de los zapatismos, el del EZLN y los de inspiración ecológica, en la construcción de una poderosa fuerza ciudadana. Ambos zapatismos están presentes en unas 17 regiones del país. Aquí debe citarse además todo el movimiento de eco-aldeas 
(ver: http://www.slideshare.net/eidonedit/ecohabitat-experiencias-rumbo-a-la-sustentabilidad).
Poder social es autogestión, autosuficiencia, autoabasto y, por supuesto, autodefensa. Su construcción puede comenzar por cualquiera de estas cuatro vertientes, y es eso lo que realmente preocupa a las minorías que desde la política y/o desde los negocios explotan al resto. Son ejemplos peligrosos porque si se extienden no sólo a otras regiones o municipios, sino especialmente hacia los polos urbanos, podrían potenciar un poder paralelo de carácter emancipador. Un poder basado en la cooperación, la solidaridad y el apoyo mutuo. Y esto ya comienza a suceder. En las regiones con experiencias autogestivas, las organizaciones no sólo crean sus propias policías, también se oponen a la entrada de mineras y megaproyectos de toda índole, y crean cooperativas, bancos locales, producen alimentos sanos, autoconstruyen viviendas, radios comunitarias, etcétera. En Jalapa hay un vigoroso proceso de agricultura urbana y periurbana; en Morelia, dado los altos índices de inseguridad, los vecinos de unas 60 colonias han tomado el control de sus calles, y en el Distrito Federal crecen los ecobarrios. La pregunta que surge es: ¿qué sucedería si todas estas expresiones de autodefensa, generadas por diversos motivos, en varias escalas y desde diferentes plataformas e ideas, se logran articular, y empiezan a crear confederaciones o frentes? Esto es lo que ha sucedido no solamente en el país sino en numerosos rumbos de Latinoamérica, la región más esperanzadora del mundo. ¿Y si nos atrevemos a tomar la vida en nuestras manos? ¿Y si nos autodefendemos?
Twitter: @victormtoledo

12 mar 2013

¿Fiarse de los sellos ecológicos?


Rara es la conferencia o charla sobre agricultura ecológica en la que no aparece el "preguntador de turno" que lanza la cuestión obligatoria que todo potencial consumidor de productos ecológicos debe plantearse antes de dar el paso de consumir unos alimentos que se suponen "más nutritivos", "libres de tóxicos", "que su sistema de producción es respetuoso con el medio ambiente" y que suelen tener un precio más elevado que los alimentos convencionales - o industriales - que encontramos en las estanterías de las grandes superficies de la distribución alimentaria. ¿Porqué debemos dudar siempre de los productos ecológicos certificados cuando hemos consumido (o seguimos consumiendo) productos cuyas etiquetas están llenas de términos   ininteligibles, codificados, con una lista interminable de ingredientes y aditivos de los cuales sabemos bien poco ni de su origen ni de sus efectos sobre la salud? ¿Como es posible que tengamos todas las reticencias posibles sobre la fiabilidad de unos productos que además de pasar los controles sanitarios correspondientes arreglo a la legislación vigente en materia de salud alimentaria, son certificados por organismos competentes en base a otra legislación más restrictiva aún que la anterior.? ¿Todas las dudas sobre los productos ecológicos y su certificación es por que suelen ser "mas caros" que los que no están certificados?

Las mismas personas que tienen todas esas dudas no suelen tener ninguna pregunta a cerca de si cuando consumen una sandía en un supermercado muy famoso a precio reducido, el cultivador en su país de origen, digamos Senegal, recibe un pago justo por su trabajo, o si los miles de kilómetros que ha recorrido esa sandía han tenido mucho o poco impacto en el medio ambiente, o si el agricultor local ha tenido que abandonar su tierra porque no puede vender las sandías por debajo del coste, para poder competir con el distribuidor local de hortalizas que deslocalizó la producción para explotar las tierras y a los campesinos de Senegal, Brasil o Marruecos para optimizar sus beneficios. 
Es curioso que tengamos todas las dudas posibles hacia un sistema de producción de alimentos "bastante respetuoso con el medio ambiente" y "libre de tóxicos", garantizado por un sello y una legislación muy estrictas, mientras cogemos de la estantería de un supermercado un paquete de jamón york "sin gluten"  sin plantearnos lo más mínimo ¿porqué iba a tener gluten un trozo de jamón york si el gluten es una sustancia contenida exclusivamente en algunos cereales? ¿Desde cuando tiene cereales el jamón?


Cada día se pone más de manifiesto - con la última crisis alimentaria provocada por la introducción de carne de caballo posiblemente tratada con un antinflamatorio prohibido en la carne de consumo humano - que no sabemos que nos estamos llevando a la boca, y entonces nos planteamos si hay otras alternativas, empezamos a buscar y vemos que el consumo de productos ecológicos, de temporada y de proximidad  - lo que venimos llamando "consumo responsable" - puede ser la respuesta a nuestro dilema, y entonces cuando seguimos investigando y descubrimos que hay que pagar mas por estos productos, cambiar los hábitos de consumo, y dedicar más tiempo a alimentarnos (vaya sacrificio!) empezamos a ponernos pegas a nosotros/as mismos/as y lo exteriorizamos con esa duda existencial de si no me estarán engañando estos del sello para ganar más dinero y meterme gato por liebre. Mejor seguir con el caballo por ternera de las multinacionales de la alimentación y ahorrarse unos eurillos. 


Por suerte la mayoría de la gente que empieza a recorrer el camino no cae en esta trampa, otros/as llegan a la "duda existencial del gato por liebre" y la superan sin despeinarse. 
Si tengo que contestar a la pregunta del título, ¿debemos fiarnos del sello ecológico?, pues mi respuesta es: casi que sí, o por lo menos mucho más que de los que no lo tienen. NO queda otra que fiarse. Bueno si que queda otra pero lo dejamos para otros artículos...

Continuará...              


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